intervención en la Terapia sexual

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¿Qué implica una sexualidad sana?

La sexualidad sana en pareja requiere algunos aspectos importantes para poder disfrutar de ella plenamente, entre los cuales podemos destacar: que sea consensuada con la pareja; que ambas personas participen sin temores, ni sentimientos de vergüenza o de culpa; que tengan información sobre las características de la sexualidad humana y de las similitudes y diferencias entre hombres y mujeres; finalmente, que no se den trastornos sexuales o enfermedades de base orgánica que interfieran en las relaciones sexuales.

Hablar de los problemas sexuales que afectan a una pareja suele ser un paso complicado y que genera en ocasiones reparos a la hora de comunicarlo. El profesional que te atienda, propiciará un clima de calidez y confidencialidad para que tú con tu pareja, os sintáis con la máxima comodidad, comprendidos y apoyados.


¿Qué señales me indican que la relación sexual no acaba de funcionar?

Si uno de los dos miembros de la pareja tiene de manera habitual una sensación de malestar o falta de deseo antes, durante o después de la actividad sexual, o se dan comportamientos sexuales que producen malestar a la otra persona, esto puede sugerirnos que algo no acaba de funcionar correctamente.

Las dificultades más habituales son:

  • Falta de deseo sexual o requerir mucho esfuerzo para que éste se active.
  • Rechazo al sexo, es decir, evitar activamente el contacto sexual explícito.
  • En el hombre, dificultad para obtener o mantener la erección, o para llegar al orgasmo después de un tiempo de excitación normal.
  • En la mujer, dificultad para obtener o mantener la lubricación vaginal, o para llegar al orgasmo después de un tiempo de excitación normal.
  • Eyaculación precoz: aparición del orgasmo y eyaculación tras una estimulación sexual mínima o muy breve.
  • Dolor durante el acto sexual, causado por dolor genital durante el coito (dispareunia) o por la contracción involuntaria de la vagina (vaginismo).

¿Para qué sirve una terapia sexual?

La calidad de la relación sexual puede dinamitar una relación de pareja estable hasta el punto de afectar a toda la relación. Se trata pues de corregir a tiempo esas dificultades y conseguir un doble objetivo: ganar en calidad de vida sexual; prevenir el deterioro de la relación y mejorar la comunicación y la afectividad, aumentando la calidad de la relación a todos los niveles. 


¿QUÉ OBJETIVOS SE PLANTEAN CON EL TRATAMIENTO?

Este tipo de intervención va dirigido a aquellas parejas que encuentran dificultades en sus relaciones sexuales. Su propósito es identificar las causas que originan la disfunción sexual y proporcionar las estrategias y herramientas necesarias para corregirla. El objetivo inicial es restablecer el bienestar y la satisfacción sexual de ambos miembros de la pareja. A medida que esto se consigue, se pueden abordar objetivos más específicos relacionados con las relaciones sexuales si un miembro de la pareja o ambos, conjuntamente con el terapeuta, lo estiman necesario.


¿CÓMO LO HACEMOS?

Tratamiento psicológico
Cuando la disfunción es de base psicológica, el tratamiento se orienta a que la persona afectada, en pareja o individualmente, aprenda y practique técnicas y ejercicios específicos. Estos ejercicios, que se irán ajustando a medida que avance su tratamiento, supondrán la base de su mejoría, si se practican adecuadamente y durante el tiempo indicado por su terapeuta.

Un aspecto fundamental a trabajar en la terapia sexual son las actitudes, que surgen de la relación entre los prejuicios (estereotipos mentales) y las emociones asociadas a ellos, y que se expresan como conductas. Por lo tanto, los objetivos del tratamiento se plantean trabajando los tres niveles implicados: cognitivo, afectivo y conductual.

Generalmente, la intervención se desarrolla con ambos miembros de la pareja, pero se pueden dedicar, si se estima necesario, espacios individuales con el terapeuta para poder contrastar de forma más personalizada las dificultades que como individuos que conforman la pareja pueden encontrar.

En algunos casos, bien porque el otro miembro de la pareja no quiera participar, bien porque no se considere necesario que intervenga, puede realizarse una intervención individual en el ámbito de la pareja, si el terapeuta lo considera conveniente. Aunque no sea lo más aconsejable en general, en algunas circunstancias puede ser una opción válida para dar recursos al miembro de la pareja que sí desea asistir a la terapia.

Tratamiento farmacológico
Solo en casos muy concretos puede ser necesario un tratamiento farmacológico para complementar la intervención psicológica, por ejemplo, en casos de disfunción orgánica. 


¿QUÉ SE GANA CON EL TRATAMIENTO?

La terapia sexual aporta a la pareja nuevas estrategias y técnicas para restablecer su bienestar y satisfacción sexual. Las relaciones sexuales satisfactorias son un pilar fundamental de la pareja, y redundan en otros beneficios a nivel físico y emocional, fortaleciendo además los vínculos afectivos y de confianza entre ambos miembros.


   

 

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